Taller literario el baile de los niños.

Sunday, November 26, 2006

Cartas/ genero epistolar

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Francisca

Me he quedado tan triste, yo pensé siempre que ir y venir ayudaban a la vida a dar su metal mejor. Que falsa filosofía la mía. Mamá, esta noche en que tu luz no me acompaña y no he podido conciliarme con mi frustrado sueño en pensado en ti, porque eres todo lo que yo soy. Mis labios tienen una deuda con tus ojos, mis manos una deuda con tu esfuerzo. He logrado pensar en la mujer que lloró porque yo naciera. Anda, la noche espera inmensa tu llegada, yo no podría ni siquiera acercame a interrumpir este acto esplendoroso, pero así me siento, como si hubiera interrumpido toda tu vida. Sí tan sólo desaparecieran las fronteras que forjan este abismo al que soy incapaz de regalarle adjetivo podría llegar a ti, explicarte la razón de nuestra distancia. Tu alma suave de algodón, Mamá, esta curando las heridas que te hice a través de los años; mis insultos, la comida que preparaste y deje caer, la comida que no saboreé por apurarme a reunirme con los Compañeros coloreados de amaranto. Estos años no se han convertido en abrazos, aún no logro entender como apreciarte.

A mí los llantos de las madres me desvelan, más el tuyo, el de mi madre que en el silencio de la noche puedo oír quejándose de este destino que no debió aparecerse nunca en su vida. Mamá, ellos quieren tapar nuestras risas, mis letras. Ahora comprendo la distancia que tienen nuestros extremos, ahora entiendo porque esquivamos las razones mientras aleteamos en este aire sucio. Eso pasa cuando en el intento no logramos ahuyentar a las polillas que se están comiendo nuestros trapos ni podemos posar en nuestros ojos a estas mariposas que ya ni siquiera aletean asustadas en mi estómago. Da igual, ¿sabes? Al final por escribir esto me cortarán las manos, al final fumigarán mi jardín y aniquilarán con celos el fuego incesante que nos mueve. No sé como explicarte el mundo, sí mientras más lo entiendo más me alejo de él, de mí y de tu recuerdo punzante que aún imagino ver llegar, porque estás lejos, pero ahora que tu distancia es física te siento más cerca que antes, ahora me dueles, ahora te extraño y yo no puedo acercarme sin temblar, no puedo decirte porque no quiero que se mojen tus luces, tu ya sabes por qué yo no soporto el llanto de las madres, y es que veo que las burlas y la sensibilización barata te hieren. Mamá, yo no me atrevo a tocarte con estas palabras, por eso te escribo el resultado del apego que han tenido nuestras vidas, esta experiencia, este intento que carcome mis los andamios, desgasta el pegamento de mis cintas y los recuerdos se me caen, yo los guardo acá en un lugar dentro del corazón. De vez en cuando los necesito para volver a creer que estoy sintiéndote, como esta noche en que no te sales de mi cabeza ni de las yemas de mis dedos, esta noche el teclado suena igual que mis lágrimas, tan secas y dispersas. Esta noche te regalo mis letras, en esta carta de regalo todo lo que soy, porque no quiero seguir llorando a tus espaldas cuando lo único que quiero es estar en tu cuerpo desconsolado por el tiempo, cerca de tus ojos que ya no pueden cruzar con hilo la aguja pues el día en que yo no pueda hacerlo, sacaré este recuerdo de acá, para ver si he logrado conservar tu recuerdo en cada una de mis miradas. Esta noche he pensado en la mujer que lloró porque yo naciera, la madre de mis sueños, la que aniquila mis perezas.

Tu hija que siente una infinita admiración hacia ti.
Santiago, Chile. 2006


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Leonardo

Imbécil:

Sabes? Estoy en una ciudad que no es la mía, estoy solo, y creo que me estoy quedando sin plata, y por eso me parece de una estupidez tremenda que te hayas ido por que a tu ex – novio le dieron sus ataques depresivos de nuevo. A mi que me importa? A mí, si yo no fuera tan maduro como dices, podrían darme ataques peores, es que esta ciudad es muy rara y la gente del hotel es mas rara aún.
Acá la gente me mira raro por que no como, creen que es descortés, pero es que acá a todo le ponen carne, a todo. Incluso los platos vegetarianos vienen con pollo, pavo, pescado, u otra carne blanca. Y las cosas de beber, todas también tienen alcohol.
Imaginate que pides un jugo de fruta y ellos te taren jugo de uva, añejado y con alcohol, o sea vino. Y si pides agua, es aguardiente. Vodka, o algún trago transparente.
Imbécil, tengo miedo de que me dejes aquí para siempre, salgo todos los días a caminar por la orilla de la playa, a ver si me pasa algo interesante.
Es que de verdad no paro de pensar en las estrategias del otro patético para llevarte a su casa, ójala su región se hunda luego bajo el agua.
Tengo miedo de que se me ocurra irme, ya te dije que si me voy, me voy a perder un tiempo, pero tu me vas a perder para siempre.
Tu sabes que soy bien impulsivo y te tengo rabia, mira, se me perdió el celular, mi mamá se me apareció cuando estaba quedándome dormido y para peor sé que si llegas. Me vas a pedir que mejor seamos amigos. Las calles están bien anchas y los autos imprudentes, esa herida que te mostré el otro día se abrió de nuevo, es que lo sé, soy un ocioso y me saco las costras todo el tiempo.
Casi me atropellaron el otro día también, pensé. “uf…casi” pero realmente hubiera sido medio interesante.
Pucha, de verdad tengo miedo, pienso que me voy a volver loco, o sea ni tanto pero acá no pasa nada.

Tu dijiste que confiara, que volverás pero que no será lo mismo, a mi ya no me importa.
De verdad tú y tu depresivo de antaño tal vez sean el uno para el otro, pero no te aparezcas con el. No me interesa y merezco respeto.
Creo que voy a escribir algo sobre ti, pero no se me ocurre que, es que este tema es tan viejo, y está tan manoseado que da lo mismo.
Cuando lo intento, me doy cuenta que olvidé el talento en mi pieza.
De todo lo que compraste no queda nada.
Se acabó la cerveza en nuestros corazones, ya no me interesa que regreses pero quiero que vuelvas, como ya decía, estoy solo y tengo miedo, esta playa me da miedo, cuando no pasa nada me da miedo. Quiero ir a mi casa y estar solo, pero necesito que me lleves.



yo

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Nicole

Santiago, 15 de Noviembre del 2006

Queridos abuelos Justina y Teodoro:

Me han dado la vida. Yo sé que esta frase se dice típicamente a los padres, pero si bien a mis padres los amo tanto como a ustedes, se me hace más especial regalarle aquella frase a ustedes, porque, entonces, no me refiero a "dar vida" como el momento de la concepción ni del parto. Me han dado la vida en cuanto a alegrías, satisfacciones, conversaciones, juegos, aprendizajes se trata. Me han dado la vida en cuando a situaciones más palpables para el corazón y la piel, en cuanto a lo que de verdad se siente como vida. Y si intentará transcribir en esta hoja cada momento vivido junto a sus dulces miradas que el tiempo no ha transgredido para mí, estoy segura que la memoria no me fallaría, pues como podría fallarme si cada vez que el dolor, el llanto y la frustración aletargan mis emociones, recuerdo sus miradas tan llenas de paz, de memoria, de vida, de amor y cómo no podría valorar la vida.

El olor a libros en la mañana como si fuese café, el periódico, la limpieza, el silencio, el jardín, los documentales, las galletas, mis mañas atendidas, los consejos, las sonrisas, la turbación, las luces de navidad, las persianas, los cuadros del tío, el garaje, la vitrina de las copas, mis cinco años, mis quince años, el almacén al frente de la casa, el Niki, el televisor de los 80', el vecino gay, el televisor de alta definición, el video-grabador, la pantalla plana, el dvd, mi nintendo los nacimientos de mis hermanos, año nuevo, sábado gigante, el cesto de basketball, los abrazos, los veintialgo, fotografías que vulneran el tiempo, las películas, el manjar colum, las historias, la plaza, cachureos, mazapán, el buda con sus monedas de un peso, mi miedo a las cuncunas, el pan con queso, el arroz sin cebolla, la infaltable coca cola, el abrazo de consuelo cuando no había chocolates, el olor a libros en la mañana como si fuese café.

Y si en mi fotografía de un año de edad, esa que salgo con el moño que según yo, entonces, era una hélice de helicóptero, se le hace un zoom a mis ojos, podría verse claramente, sus siluetas como el brillo de la felicidad.

Me han dado la vida y los amo por eso.
Con cariño, Besos y abrazos,
Su nieta un tanto torpe,
Nicole.







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Carolina

Santiago, 4 de noviembre de 2006

Mi pequeña:

Te escribo porque no puedo tocarte y el sólo hecho de pensar en ti me sumerge en una serie de ambivalencias que condenan mi libertad y mi permanencia.
Quizás si entendieras lo que te leo en voz alta comprenderías por qué me molestan tanto los porotitos de tus piernas o la baba sobre el fléxit.
A las ocho y cuarto ni siquiera ha salido el sol y tengo que abrirte la puerta mientras tus pelos se cuelan por mi nariz. Sabe Dios cuántos quistes debo tener en el cuerpo de tanto absorberte, mi niña, cuando me miras con tus ojos de arrepentida y silente.
Yo te dejé afuera tal como mi mamá me dejó a mí; y el viento... dicen que todo se repite como la condena de toparse frente a frente y no decir... el viento levanta una tierra espesa... tus monitos de peluche se ensucian. Las pelusitas de sus cuerpos vuelan y tú juegas con las moscas o los pájaros.
Me desdoblo porque has sido parte mía y tu presencia sin embargo me establece una serie de prohibiciones.
Tu olor impregna las hojas en que escribo, pero te quiero y en estos momentos estoy pensando en la noche, en tu cajita de cartón, en que las babosas ni siquiera respetan tu platito de agua y tal vez hasta te exploren el cuerpo dejando todo un hilo brillante como esa neblina que se esparce cuando te levantas...
Eres el fragmento de infancia que me va quedando y tu presencia me reanima mientras reposa junto a mí en un rincón de la cama.
Este verano hay que luchar contra las garrapatas y el silencio.
El 8 de enero es tu cumpleaños y tú ni siquiera lo sabes. Ese día comeremos torta para festejar el nacimiento de quién sabe cuántas estrellas, porque hace años que vivimos completamente solas y esa independencia nos trazó una biografía en que no podemos entendernos por separado.
Nunca nadie ha lamido mis lágrimas, y después de hacerlo, te recuestas sobre mi falda humedeciéndome las flores con tu nariz.
Bien sé yo que tu organismo es el cautiverio de esas malditas reproducciones celulares descontroladas, pero prefiero no pensar en eso porque injustamente te culpo de hacerte ese daño a ti misma. A veces ni siquiera te toco y prefiero escribir lo que algún día podría leerte, porque sé que me entiendes más allá del tacto y de la voz.
Pequeña... No podría negar que me siento ahogada, aunque al mismo tiempo te quiero con una promesa implícita de mantenerme junto a ti y trapear el piso y seguirte, porque tus monitos de peluche necesitan costuras y yo tengo el hilo suficiente para eso.
Desde las mil formas que tengo para acariciarte, no existe una postdata que nos resuma el tiempo.
(Soy sólo la mamá con que te tocó vivir).
Te quiero.


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Delfina


No hay nada que me cueste más que el tener que pensar en decirte lo que no puedo… Sea hablarte o escribirte. Tengo miedo de tu reacción, y de la mía también.
Creo que te he tratado de escribir varias veces esto, pero siempre dejando demasiados vacíos. Vacíos (ahí había puesto espacios, pero no se que queda mejor) que tu interpretas como quieres, y que no es precisamente como yo quiero.
Odio que me digas que creíste que no quería verte, porque no podría ni siquiera soñar eso. Imagínate!, ni soñarlo… y odio que me digas que no entiendes, cuanto te digo que no quiero verte mas, porque no es literal y lo sabes, a qué le temes?... y tratas de retenerme, cuando no necesitas hacerlo. Y tratas de hacerme sentir mejor, cuando no puedes. Y trato de explicarte y yo no puedo.
Tanto tiempo que ha pasado de que nos conocimos, arreglándonos el pelo, hablando de “cobijar”, siempre al mismo tiempo… Y ahora no puedes entenderme, y ahora no puedo entenderte… no puedes ver lo que quiero, ni lo que siento…
No puedo entender tus juegos ahora, esos juegos que antes disfrutábamos tanto, que nos entreteníamos imaginando… me cuesta… me cuesta porque ya dejaron de ser juegos para mi… no los puedo entender ahora, y tu sigues, y sigues porque no sabes, y yo no, no sigo… porque tampoco se. Ya no siento lo mismo por ti, pero tampoco se que siento por ti.
Te haz convertido en el aire que no entra a mis pulmones, en las frases que me faltan, y necesito me ayudes a completar.
Te necesito, porque te quiero, porque te amo, porque no puedo ser si ti,
Por qué no entiendes? Por qué me preguntas que me pasa? Por qué juegas? Juegas conmigo? Por qué aún preguntas? Por qué aún no entiendes? Será que sientes lo mismo que yo? Será que no perdimos la conexión? Será que nunca dejamos de entendernos? Será que solo fue nuestra inmadurez y miedo? Será que tu y yo sentimos lo mismo? Eso quisiera, eso sueño… eso anhelo cuando te veo.

Sin embargo, no espero tu respuesta.

Thursday, November 16, 2006

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